La orquesta de los milagros

Quico Rivas
Madrid, Sevilla ///
marzo de 2001

A su regreso de México, Loncho se instaló en una nueva casa entre la Puerta de la Carne y los Jardines de Murillo. Si como dice una de las canciones de Veneno, «Sevilla tiene dos barrios bien diferentes, uno el de los turistas y otro donde vive la gente» esta nueva casa se encuentra justo en uno de los lindes entre ambas zonas y el vídeo An Error Occurred, presentado en Foro Sur, Cáceres (2001), es el producto de la lógica curiosidad de Loncho por sus nuevos vecinos.

Cuando Sevilla era un recinto amurallado, la Puerta de la Carne comunicaba directamente la vieja judería con el arrabal de San Bernardo y el antiguo matadero. En su día debió ser un lugar de mucha animación. El trasiego y el olor de la pitanza que por allí entraba en la ciudad camino de los mercados atraía a una pintoresca congregación de pícaros, granujas y mendigos, esa corte de los milagros que tan vivamente describe Cervantes en Rinconete y Cortadillo. La Puerta de la Carne debió de ser, en efecto, uno de los mojones destacados de la agitada geografía hispalense cervantina que Rodríguez Marín describe así: «…andando de venta en venta y de venta en pueblo por las Andalucías, residiendo en Sevilla cuando le era menester y conversando aquí y allá y en todas partes con mesoneros, trajineros, frailes, soldados, mozas andariegas, regidores, escribanos, cuadrilleros, echacuervos, alguaciles y ¿por qué no decirlo? con la flor de la canalla hampesca y la nata de la temeraria y a la vez temerosa jacarandina?. La cita la he tomado prestada del último libro de José Regueira, sobre Cervantes y Zahara de los Atunes, Zahara de los Atunes. Paraíso cervantino del sur, donde se ocupa del importante papel de las almadrabas como cuna y cuartel general de la picaresca, empezando por la raíz túnida de la misma palabra tunante. Del diseño y maquetación de este libro se ocupó Loncho justamente antes de su aventura mexicana. Y como escribió un historiador hispalense, a la picaresca del Siglo de oro ?le debe España la mitad de nuestra mejor pintura y tres partes de la fama de nuestro vino».

La Puerta de la Carne donde yo viví hace cosa de 25 años, antes de emigrar a la capital, era un barrio arquitectónicamente muy degradado con una población muy envejecida. En los últimos años, como consecuencia sobre todo de la fiebre restauradora provocada por la exposición universal del 92, ha cambiado por completo de color y vuelve a ser un cruce de muchos mundos y un continuo trasiego, surtido por un gran número de bares, mesones y establecimientos hosteleros. Tras el obligado paseo por el barrio de Santa Cruz, los grupos de turistas reponen fuerzas con la típica copa de manzanilla y los obligados papelones de pescaito frito. Entre los numerosos veladores, dispuestos a tal efecto, una nueva fauna de pícaros hace su agosto. Y, entre ellos, Loncho se ha sentido especialmente atraído por los músicos. Pero no por cualquier clase de músicos. Los protagonistas del vídeo de Loncho no son estudiantes del conservatorio que necesitan ayuda para pagarse el viaje de paso del Ecuador. No son saxofonistas o bluesman ambulantes que piden unas perras para continuar el viaje. No. Los músicos de Loncho tienen mucho más que ver con los tunantes de las almadrabas que con los tunos de la universidad. Son los restos de serie de la fauna humana, conseguidores y buscavidas callejeros cuyo modelo, en lo musical al menos, fueron, y quizás sigan siendo pues hace tiempo que les perdí la pista, aquella banda callejera, genial e inclasificable, que respondía al nombre de ?Los incansables de Torreblanca.

An Error Occurred arranca con un travelling de las Tres Mil Viviendas sobre el que se lee, sobreimpresa, esta advertencia de clave situacionista: «la subjetividad obrera pura y dura se ha desmoronado. Los modos de vida humanos evolucionan en el sentido de un progresivo deterioro». A continuación, unas imágenes del paso de palio de la Virgen de la Estrella el día de su jubileo: «La parodia del marco proporciona placer (el mejor de todos el de pan de oro)». Las Tres Mil Viviendas son el gran supermercado de la droga en Sevilla y seguramente por eso, de un tiempo a esta parte, se habla de ellas casi tanto en las revistas y programas musicales como en las páginas de sucesos pues se han convertido en una legendaria e inagotable cantera musical donde ya resulta difícil distinguir a los camellos de los productores. Allí residen, seguramente, la mayoría de los músicos que vienen a trabajar en horas de oficina a la Puerta de la Carne, pues a ellos no los quieren ni los camellos ni los productores. Hay que tener la sensibilidad y el sexto sentido que tiene Loncho para tratarlos como se merecen, para observar a esos desechos de tienta con pasión, no compasivamente; para reavivar esa pequeña candela, esa última chicharrilla que aún arde en el lecho de cenizas de esas almas en pena. Es esa mirada especial la que hace de An Error Occurred una obra muy especial, una obra artística, además de un documento sociológico y antropológico de sumo interés. La Orquesta de los Milagros está formada por esos músicos que la inmensa mayoría piensa que dan la lata porque no saben apreciar el impecable compás con que la toca «Joaquín el de la Lata»: Yo sueño que Sevilla es de chocolate, que la Giralda es de piñonate, la Torre del oro es de caramelo y el Guadalquivir anís del bueno majunma majunma majunma… La Orquesta de los Milagros está formada por esos músicos a los que muchas veces les damos unas pesetas no para que toquen sino para que se vayan, no para que canten sino para que se callen, pues la visión especular que nos ofrecen las más de las veces nos resulta insoportable.

An Error Occurred nos demuestra que, en realidad, se trata de una orquesta de solistas vocacionales en la que unos a otros se pisan el terreno, compiten por las horas, disputan por los puestos. Se excluyen pero se necesitan. En el fondo se trata de auténticos especialistas, cada uno tiene una canción especial, como Blanqui, un defecto intransferible, como ?El del romero?, o un instrumento o cosa que nadie más sabe tocar, caso de ?El extraordinario del cartón? que toca eso, un pedazo de cartón como nadie jamás lo ha logrado tocar en toda la historia del mundo mundial. ?El de los seis duritos? resume con su canción especial la tragedia de todos ellos, pues es el hecho de formar parte del reparto de esa tragedia y representarla en un escenario compartido lo que les confiere carácter de orquesta, La Orquesta de los Milagros.

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