Bajo el título Porca Miseria, una manera muy italiana de maldecir a la mala suerte, mi compañero Rubén Ojeda y yo, orquestamos una exposición para ser presentada en la carnicería Iacozzili del Trastevere, en el vecindario de la Piazza de San Cosimato, en Roma.
Las obras realizadas fueron pensadas para estar rodeadas de prosciutto, salchichas, polpettes, guanciale y sobre todo, porchetta. Sin embargo, por desafiar a las autoridades italianas la muestra nunca llegó a tener lugar, pero dejó una serie de obras que incluían óleos, papeles, carnes, humos, lodos y barro. Hacían guiños a lo salvaje, al canibalismo, al azar trucado, y además la muestra contaba con su propia banda sonora grabada en vinilo y en casete.










